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Luxiona es en

Valentina Croci
Milano
Ottagono Magazine

Antiheroico, antielitario y antipaternalistico

Si pidiéramos a un niño que dibujara el sol, trazaría un círculo con muchos rayos que salen de su circunferencia. Si pidiéramos a un niño –siempre que haya crecido en nuestro contexto cultural de referencia– que dibujara una lámpara, dibujaría Inout. Este concreto arquetipo formal es, sin duda, una de las razones del éxito de la lámpara de Ramón Úbeda y Otto Canalda. Inout evoca la lámpara tradicional de pie con pantalla de tela plisada: un objeto común en todas las casas burguesas desde que empezó a difundirse la energía eléctrica en las casas. Este arquetipo formal nació históricamente de una concreta necesidad funcional y en un determinado contexto cultural. Pero, aunque hoy esa forma ya no se corresponda con la tecnología de la que fue al principio el soporte físico, su valor sígnico perdura en nuestro imaginario colectivo. El déjà-vu formal de Inout, que remite a una tradición manufacturera artesanal, encuentra enseguida su contradicción en la misma lámpara: Inout está fabricada en una sola pieza de polietileno rotomoldeado, sin solución de continuidad entre el fuste y el difusor. Es por lo tanto un producto contemporáneo de carácter industrial y serial. Y muy innovador en sus componentes técnicas. Inout interpreta en clave irónica un arquetipo formal, jugando con el efecto sorpresa de sus detalles visuales y sus cualidades táctiles, y sobre todo con el fuera de escala. Fuera de escala evidente tanto en la desproporción de su versión “enana” como de la gigante. El resultado es una nueva unidad, una invención, que nos resulta tan familiar en los signos como extraña en la relación que tenemos con el objeto. De hecho, la indudable carga emocional de Inout, muy bien expresada en la campaña publicitaria que la acompaña, se hace explícita en su referencia a oposiciones dialécticas: Inout es ordinaria en la forma y exótica en las proporciones; tradicional en su función y expresiva en la utilización de los materiales y de la técnica; valiente y humilde al mismo tiempo. En una tensión poética y estética, Inout combina lo racional, lo onírico y lo lúdico. Esta dimensión a mitad de camino entre lo ordinario y lo sorprendente encuentra inevitablemente una amplia acogida entre el público, ya que rechaza la trascendencia y se establece en la realidad cotidiana de usos y memorias, personales y colectivas. De hecho, Inout nos habla de nuestro contexto de referencia y de cómo cada uno de nosotros ve los objetos y se relaciona con ellos. Inout entra a formar parte de nuestro día a día como una novedad que existe desde siempre. Sin fracturas desestabilizadoras, Inout se relaciona con el patrimonio cultural colectivo en una actitud antiheroica, antielitista y antipaternalista.

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