back to top
Luxiona es en

Juli Capella
Barcelona
Multitalent

Lo he visto y lo he iluminado

En casa de Marcela (Interior doméstico) Soy como un tótem casero. Me tienen puesto casi rozando el techo, en una vieja casa del Borne. Marcela me enciende cada tarde al llegar a casa, haya luz o oscuridad, haga frío o calor, sea invierno o verano. Me echa un pareo por encima, me ha dejado sólo con una bombilla de 40 watios. Apenas respiro. Hago de virgencita luminosa. Cuando llega su novio, se apagan todas las luces de la casa, menos yo, y se enciende un coro de velas e incienso que me acompaña. Los veo hacer el amor revolcados sobre la alfombra a mis pies, se dicen tiernas palabras. Se quedan dormidos abrazados, se despiertan al alba cuando entra la luz del sol y entonces, yo desaparezco. Por la tarde oigo las llaves, Marcela me enciende y el ritual recomienza.

En las oficinas de Menéndez (Interior y exterior) No me gusta estar aquí. Pero el decorador se empeñó en dar un toque moderno y cálido a la aséptica oficina. Somos veinte de sobremesa, diez colgadas (nunca mejor dicho) y cinco en la terraza, ¡qué suerte! No encajamos ni sobre la mesa de vidrio, ni con la silla ergonómica, ni con el techo de plafones y el suelo de linóleo. Nos damos de patadas con la luz de las halógenas. Así no hay quien trabaje. Tampoco me gusta la señora de la limpieza que me rasca cada tarde de mala gana.

En el jardín de Bárbara (Exterior abrigado) Me encantan los porches campestres. Busco mi rincón a cubierto, pero al aire libre. Junto a la hamaca. Ilumino la casa y el jardín. Bárbara me acogió rompiendo su promesa de “no comprar nunca más nada de plástico”. Ahora sabe que el material no es determinante, que la forma es lo de menos, y que lo que cuenta es la magia de la luz. Cuando se va a dormir me deja vigilar la casa, como si mi tenue resplandor sirviese para asustar a maleantes. Lo único que consigo es atraer a miles de polillas e insectos que bailan y bailan felices hasta caer derrotados a mi pie. Por eso los kekos me adoran como si fuese su infatigable máquina alimenticia. Por la mañana luzco mi láctea silueta sobre el verde césped mojado y el azul eléctrico del cielo.

Restaurante Espuma (Interior comedor) Parezco una columna deforme, una seta gigante, reino entre las mesas, veo desfilar camareros que me esquivan y clientes que me miran. Les reboto la luz por todas partes, se hacen sombras conmigo, baño sus caras dulcemente y les caliento los platos con brillo. Los inundo, pero no deslumbro. Y nadie sabe que llevo dentro las horrorosas bombillas PL porque mi piel acanalada les quita el ácido. Ahorro sin estorbo. Soy feliz viendo tanto placer al comer. Me alimento de servir.

En el ático de Curro (Exterior urbano) Apenas quepo en la casa y por eso casi siempre ando fuera, en un terrado diminuto lleno de mimbre y cañizo, hojas verdes y cactus, y una tortuga. Soy roja, bueno rosa, rara. Todo el barrio me reconoce entre las antenas. Me miran desde todas partes con intriga, y saben que cuando me enciendo hay vida y suena la música. Le sirvo a Curro para dar color en las juergas. Y también en las noches solitarias de insomnio cuando a mi lado, sin prisas, se fuma un porro viendo brillar las estrellas y se propone cambiar el mundo. Curro siempre sueña, dormido o despierto, y yo le abrigo y acompaño. Como una luz piloto que palpita, como un fuego encendido crepitante, como un farolillo chino de fiesta barata.

Cuando me apago se duerme.
Cuando me duermo, se levanta...

(Como me has dicho que era una cosa personal, me he tomado la licencia de hacer de lámpara. Puedes firmarlo con mi nombre o como Inout. Son vivencias casi personales...)

back to inout & friends